viernes, 18 de enero de 2013

12.-


Siempre me ha costado creer que en una idea universal y absoluta de belleza, entiendo que esto depende de la formación y referencias culturales de cada uno. Por otra parte pensaba que el gusto de cada uno era subjetivo y universal, es decir, que yo sé qué me parece bonito y qué me parece feo y que me llevo esos gustos allá donde esté.
Ya no se que pensar, 2 anécdotas me han hecho cambiar de parecer.

La primera es muy reciente, los padres escolapios me encargaron que comprara en España una figura del niño Jesús para una de sus iglesias, la que tenían estaba manca y le faltaba una pierna… y claro besarla después de misa no era muy atrayente.
Estuve recorriendo las tiendas que hay por Sol de artículos religiosos y belenes con Sofía y casi nos daba la risa de vernos rodeados de tanto dorado y Jesusillos sonrosados y de angelical perfección… Al final elegimos uno que nos parecía algo menos hortera pero en cualquier caso…tenía tela. Ojala os pudiera poner una foto. No tenía duda, no me gustaba, me parecía algo demasiado kitsch (no se me ocurre otra forma de definirlo mejor, ni siquiera se si se escribe así).
Sin embargo al volver a verlo al llegar a Guinea y dárselo a los padres en la primera cena… os juro que me pareció precioso. A ellos les encantaba y no se… como aquí esta todo siempre un poco roto o a medias, algo más delicado y bien hecho como esa figura …  me provocó un sentimiento de auténtica atracción y gusto.

Y así cambié de opinión para pensar que sí existe esa idea absoluta de belleza pues había en esa figura una perfección o un no qué que me atraía. Quizás en Madrid halla muchas más cosas que se acercan a ese ideal y por eso ese objeto queda relegado a algo feote. Y esta misma anécdota me lleva a contradecir mi idea de que mis gustos están formados y son universales, porque algo que 5 días antes no me gustaba estaba gustándome de repente.

La otra anécdota ocurre a la inversa y tiene que ver con una especie de bolso o bandolera que tiene un chaval de segundo de Bachillerato. Esta hecho mediante la técnica artesanal autóctona del melongo que es una especie de mimbre más gordo que se obtiene de las palmeras. Era realmente original,a la otra profesora española y a mí nos encantaba. Llegamos a preguntarle dónde lo había conseguido (los fabricaba su tío) y si se podían comprar más (se ofreció  a vendernos el suyo). Y cuando estaba casi a punto de decidirme a comprárselo para regalárselo a Sofía, empecé a imaginármelo en España y no había dudas… En España parecería una cosa horrible como una cesta de mimbre para ir de pesca, impensable llevarlo como bolso y que quedara bien. Lo mismo pasa con algunos estampados de telas africanas, los ves aquí y te encantan pero jamás podrías tenerlos de mantel en tu casa en Madrid, te parecería la cosa más hortera del mundo…

Que cosas piensa uno..